miércoles, 15 de diciembre de 2010

"México a través de las causas" en el Centro de las Artes

Cristina M. González



El pasado 8 de marzo, tres meses antes de su muerte, Carlos Monsiváis inauguró en el Museo del Estanquillo, institución que resguarda sus variopintas y ricas colecciones, la exposición México a través de las causas.  La curaduría es de Rafael Barajas El Fisgón, quien distribuye una selección de ochocientos sesenta documentos gráficos, entre caricaturas, grabados, dibujos, carteles, fotografías y otros formatos, en torno a una serie de preocupaciones o causas que han dado continuidad a la lucha social desde la época de Hidalgo hasta nuestros días.
Las causas de México y sus movimientos armados incluyen temas como la soberanía, la democracia, la justicia social, la educación y la tolerancia, como explican con maestría de síntesis y claridad didáctica los textos, además de críticos y profundos. Es evidente que el discurso de El Fisgón es resultado de dilatadas conversaciones con el cronista, con quien compartía la pasión por lo iconografía patria y las expresiones de la contracultura en nuestra historia.
La muestra se presenta desde el 12 de noviembre y hasta el 27 de febrero del 2011 en el Centro de las Artes, en el corazón del Parque Fundidora de Monterrey, y allá acudimos en dos visitas largas –apenas suficientes- para registrar estas imágenes de la Patria, desde y contra la cultura oficial, y orientar los pasos de otros desbalagados que, de sumergirse incautos y sin brújula en el encanto, el humor y las múltiples referencias de cada papel o maqueta, sin duda perderán de vista las “causas” y terminarán abrumados. Así de vasta es la selección.
Monsiváis Tonsiváis: la colección
Hace muchos años leí una entrevista con Carlos Fuentes  que usaba el juego de palabras que encabeza éstas mías.  La magnitud de la colección que nos ocupa permite elegir muchos caminos -los míos y los tuyos- para crear un sinfín de discursos. El análisis y crónica de las causas se construye en esta muestra con una fracción de los doce mil objetos de la colección del Estanquillo, que da para ilustrar muchos asuntos y ha sido a su vez causa ya de veinte exposiciones temporales, y se siguen sumando.  Por poner un ejemplo, el tema de Imágenes de la Patria, que hoy da pie a una exposición ajena, podría cobrar forma con piezas de la colección de Monsiváis; sería distinta, pero igualmente elocuente.
El gran continente reunido tenaz y consistentemente por el escritor hace posible hablar de la historia de las alegorías, la crítica periodística, la caricatura, la vida cotidiana y un buen número de artistas gráficos de México, por sólo advertir las sub-colecciones más amplias. Y los  significados son expansivos, pues cada pieza tiene valores que tocan nuestra sensibilidad y alertan nuestra inteligencia y curiosidad de maneras inesperadas.  La colección tiene piezas únicas y también series completas, como es el caso de la colección de libros infantiles de historia de principios del siglo XX “Biblioteca del niño mexicano”.
La ironía, el juego, la calidez de lo nuestro, las causas comunes y el acercamiento a la mirada de otros, la leyenda, entre otros  ámbitos de la cultura viva y la que se vivió en la Ciudad de México en los últimos dos siglos, se entrecruzan, por ejemplo, en las páginas del periódico liberal El hijo del ahuizote; en el primer comic mexicano, Paquín, o en los grabados de oficios tradicionales. Una caricatura de Abel Quezada presenta a una obesa pareja dándose  un último banquete antes de que el marido, sin duda un político, abrace el camino de la moral. El caviar de Irán se alterna con las tortillas y los Jarritos aguardan por si el vino no está bueno. El legado de Carlos Monsiváis como coleccionista nos enseña a vernos en las actividades cotidianas, con algunos anhelos caducos y muchas experiencias tristemente recurrentes.
Confusión y constantes del  recorrido
El mosaico de documentos hace difícil comprender el hilo conductor de la exposición. En varias causas se utilizan caricaturas de Constantino Escalante para el periódico La Orquesta, grabados de Leopoldo Méndez y dibujos o fotografías de caudillos. Si el visitante no está atento a la subordinación de cada sección al tema descrito en las cédulas, lo que percibe es una especie de arte combinatoria de imágenes en un esquema que se repite de una sección a otra y hace que la exposición parezca repetitiva y sin línea argumental, al menos en parte. Hay desde luego nichos con mayor unidad, como la secciones de los carteles antifascistas y de la causa de la educación.
La opción es crear un recorrido propio, siguiendo solamente los grabados o las caricaturas, o bien buscar en cada sección las imágenes que parecen rendir homenaje y las que parecen criticar o hacer burla de una situación. Crear una línea argumental en el propio recorrido limitará el número de piezas para ver con detenimiento y permitirá a los visitantes concretar algunas ideas, y no caer en el desaliento por exceso de información visual.
Las causas de Leopoldo Méndez
Los grabados de Leopoldo Méndez dentro de esta muestra son suficientes para hacer una pequeña exposición de su magnífica producción. Hay también suficiente para una pequeña historia del género, desde Claudio Linati y José Guadalupe Posada, hasta el contemporáneo Joel Rendón, pero las causas de la lucha y el movimiento social están más ampliamente representadas en los dibujos de Méndez, y la colección cuenta incluso con algunos de los negativos de sus grabados. 
Leopoldo Méndez (1902-1969) fue uno de los fundadores del Taller de Gráfica Popular, que dirigió hasta su muerte. Desde ahí asumió la misión de colaborar a la lucha social con el arte y entregó dibujos para publicaciones de reivindicaciones populares.  Méndez aprovechó su aprendizaje futurista y creó dibujos de compleja composición, con líneas enérgicas  y perspectivas múltiples, en que la calidad expresiva va de la mano con la fuerza combativa y, en ocasiones, el humor. Sus dibujos de obreros trabajando y de tipos de la Revolución son muy emotivos. En la exposición hay también varios grabados que realizó para la introducción de los créditos en películas de Emilio El Indio Fernández.

Las mil caras de Porfirio Díaz
Porfirio Díaz es uno de los personajes recurrentes, y se lo presenta desde diferentes perspectivas y etapas de su vida política. Una alegoría de la patria de la época de la República restaurada (a la derrota del segundo imperio) nos muestra a Hidalgo y a Juárez presentando el globo, con el mapa de México a la vista.  Cuatro atlas sostienen el mundo: José María Morelos, Ignacio Allende, Porfirio Díaz y Mariano Escobedo. Hoy recordamos con dificultad que Díaz fue el campeón del sitio de Puebla y Escobedo el vencedor de Querétaro, razón por la cual en la época recibieron las más altas condecoraciones que se han otorgado a militares en México. Este extraordinario dibujo nos trae a la memoria el prestigio militar que llevó al poder al primero.

Otro raro ejemplar, esta vez un óleo con mejor retórica que virtudes plásticas, es una alegoría de la paz porfiriana en 1910, con el caudillo sentado en la silla presidencial, al centro, rodeado por representaciones de las artes, el progreso y la fama, bajo la mirada de los cuatro continentes. Todos los conceptos están personificados como deidades femeninas, cada una con un atributo. En la cartela inferior se lee: “Tus enemigos con saña y con bajeza, destruir quieren tu grandeza y gloria, insensatos, injustos, insolentes: mudos quedarán cuando de ti hable la Historia.”


En otra sección, una caricatura a color de 1923, la época del Tratado de Bucareli que hacía concesiones a los norteamericanos sobre bienes territoriales, muestra a Díaz como un atlas de parodia, al pie de la columna de la Independencia y sosteniendo sobre sus hombros en frágil equilibrio a los caudillos revolucionarios y a los aspirantes y provisionales presidentes de la República. Venustiano Carranza está en la cúspide con un 27 en las manos, el del artículo sobre el uso y propiedad de la tierra. Álvaro Obregón sonríe con sorna a su lado.
Miradas posibles
Muchos recorridos son posibles y cada mirada puede reinterpretar estos comentarios gráficos que, al rendir un homenaje o expresar un desencanto, nos permiten revivir la atmósfera de otros tiempos y referirla a la actual. Carlos Monsiváis supo entender el valor testimonial de estos géneros artísticos y preservarlo para nuestra formación ética y política, además de estética. Rafael Barajas, El Fisgón, nos enseña a reconocer en ellos la continuidad de nuestras causas, las de todos, las de México.

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