Se lee hoy
en el periódico La Jornada que la
casa de subastas Sotheby’s se vendió en 3 mil 700 millones de dólares. La nota concluye con este comentario
financiero:
Christie’s
logró 7 mil millones de dólares en ventas en 2018, mientras que Sotheby’s se
quedó en 5 mil 200 millones. Aunque el año anterior, la diferencia fue aún más
pronunciada: 6 mil 600 millones por 4 mil 500 millones de dólares.
¡Vaya! Y
una busca en el arte esa mirada en la cual reconocerse, una perspectiva que
amplía nuestro criterio y pensamiento crítico,
explorar aquello que nos trasciende y da sentido.
Apenas un
rato antes llamó mi atención un pasaje de Biografía
de la humanidad, de José Antonio Marina y Javier Rambaud:
El sistema monetario obligó a la gente a
calcular, lo que generó la tendencia a la racionalización… […] Ya lo hemos
dicho antes: el dinero es una poderosa herramienta
intelectual. (Capítulo Octavo)
El dinero
pone al arte en circulación, y con el arte todos los valores que ponemos en él:
la inteligencia del mundo, la ética y la estética, el asomo de una verdad. Tanta humanidad palpitante y en busca de un
centro gravitacional se subordina a sus leyes, que cuesta creer en sus
verdades.
El dinero
hace circular esos momentos de revelación, de expansión de la capacidad
crítica, de experiencia de flujo y umbrales de asombro. Quizá por eso el arte de hoy se manifiesta en
circuitos que se renuevan cada temporada.
Quizá por eso es efímero, circunstancial, ubicuo, instantáneo e
infinitamente repetitivo y reproducible.
Una modalidad de intercambio impersonal y desechable. Aún duele a veces el arte…, y sin embargo se
mueve: vendido a la dama por 30 monedas de oro.
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