lunes, 13 de diciembre de 2010

El gesto como experiencia

Un comentario de Alfonso Reyes incluido en su Parentalia me ha ayudado a definir la intención de esta columna –i.e “Etiqueta” en este blog-, a la que denomino Gestos.  Reyes recordaba a su tío paterno Onofre como un hombre misógino y soltero a quien le gustaba la jardinería, y guardaba de él una sola imagen: “un hombre limpio y minucioso inclinado sobre una flor”.
Agregaba Reyes a continuación: “Pero ¡cuántas cosas de la historia y la literatura viven para nosotros en una sola actitud o un gesto único!”, aduciendo como ejemplos la muerte de Garcilaso (ocurrida como consecuencia de una herida recibida en el asalto a una fortificación) y la imagen de un cuadro de sol proyectada sobre un tapiz (Obras Completas, tomo XXIV, p. 375).
Lo que llamamos “imagen”, trátese de la literatura, el cine o las obras plásticas, es un episodio único por su carácter inaprensible, imposible o fugaz, que captura nuestra atención por su efecto poético, grotesco, irónico o humorístico. Se trata de una provocación para la inteligencia o una intuición para el espíritu.
Quiero dedicar este espacio al registro subjetivo de hechos que nos generan experiencias reveladoras como las que tenemos al percatarnos de gestos, miradas, actitudes, incidentes y episodios y cargarlos de sentido, y a comentarlos a manera de bocetos, apuntes o encuadres provisionales.
La poesía de Wislawa Szymborska (Polonia, 1923) está llena de reflexiones aparentemente incidentales, pero que cuestionan profundamente  los pilares sobre los que se asienta nuestra percepción, por su consideración extrañada de actitudes aceptadas culturalmente.  Un poema que escribió en 1945, sorprendente también porque su autora tenía entonces veintidós años, cumple con nuestro propósito de exploración, pues describe el ambivalente sentido de gestos y rituales atávicos como una sonrisa, un apretón de manos y una plegaria. Wislawa hace aquí una elocuente reflexión sobre la forma como la transformación de nuestra experiencia modifica nuestra mirada.
Antes nos sabíamos el mundo al azar:
era tan pequeño que cabía en un apretón de manos,
tan fácil que se podía describir con una sonrisa
tan común como en una plegaria el eco de las viejas verdades.

La historia nos saludaba con fanfarrias victoriosas:
en nuestros ojos entraba arena sucia.
Teníamos por delante caminos lejanos y ciegos,
pozos contaminados, pan amargo.

Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo:
es tan grande que cabe en un apretón de manos,
tan difícil que se puede describir con una sonrisa,
tan extraño como en una plegaria el eco de las viejas verdades.

Traducción de Gerardo Beltrán. 
Tomado de Wislawa Szymborska. Poesía no completa.
Tezontle/Fondo de Cultura Económica, México 2002.

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