domingo, 30 de septiembre de 2018

Inspección secundaria de Omar Pimienta

Cristina M. González


Para Bruno Javier, que me regaló el libro


Un poema narrativo remite a la tradición épica y desde luego hace pensar en valores si no nacionales, comunitarios, y en acciones de valor extremo y supervivencia.   Cuando me topo con poemas narrativos de la vida cotidiana, en verso libre, sospecho, pues es frecuente eso de fraccionar la prosa para dar a la experiencia común un ritmo y una pretensión de poesía urbana que resulta insulsa y falaz.  Sospechoso asimismo es el tema de la muerte de la madre, en la que la bruma de la pena inmediata hace fracasar aún a algunos de los poetas más potentes. 

Necrófilos y fronterizos son los poemas de Omar Pimienta (1978), pero desde el inicio me capturan las instantáneas narrativas y a pocos poemas de Primera persona: Ella (2004) -el primero de sus libros- me encuentro con una moción estética de sorpresivo lirismo.  Y sigo, para gozar en serio personajes entrañables, polvo de frontera en ruinas y palabras de oralidad norteña, y para encontrar que cada vez con más frecuencia los relatos me llevan a esos incidentes poéticos. Procedo entonces a una segunda inspección para entender de dónde surge o cómo logra el poeta su particular voz en sus tres primeros poemarios -de cuatro-, editados con el título de Inspección secundaria por Atrasalante Editores.

La madre ha muerto diez años antes de los poemas que la evocan; tal vez esa lejanía recogida en imágenes y sonidos fragmentarios hace posible la recreación de la pérdida entre silencios y distorsiones de la memoria, como cuando la voz lírica escucha una grabación en cintas de ella recitando poesía:

la estática le da un aire antiguo

a grabación clandestina a radiodifusora lejana



es una tormenta en un desierto de palabras       

               tras la arena         escucho a mi madre             

                                                                              intentando resistir.

En breves relatos que capturan la atmósfera de una casa que crece con la familia, un barrio y una ciudad poco agraciados nos enteramos de que el poeta fue el hijo tardío y menor de cuatro de don Marcos, herrero, y doña Sara, poeta de “pensamientos” y lectora del Hola; que creció en La Libertad, colonia que topa con el muro de la frontera; que tuvo un abuelo fotógrafo y otro alcohólico...  Sus personajes trabajan, beben, se cuidan de la migra; han conocido marineros en California y soldados vueltos de Vietnam de paso por Tijuana.  Todos pueblan el mundo de su infancia, un mundo en el que siempre tiene diez años.

Austero en sus recursos poéticos, los usa de manera eficaz, como cuando describe una minucia para aludir a una condición vital, o aprovecha el doble significado de una palabra sencilla.  Ilustro estas estrategias con el inicio y el final de un poema sobre el deseo de envejecer junto a su pareja:  Yo quiero ser el que a tu lado duerma/ cuando con tu tos y con mi tos sea difícil dormir (…) donde ahora vemos fuego y futuras cenizas/ que la pupila se dilate años,  verso que evoca el sentido temporal de “dilatar” del habla popular, como “diferir”.  La ausencia de puntuación, el aire que deja entre los versos tiene sentido, y sobre todo sabe usar la enumeración, que emplea para la descripción y como medio de crear tensión narrativa en el poema.  Transcribo completo el último de La Libertad: ciudad de paso (2006 y 2008) -el segundo libro:
Fuego

Dicen los noticieros que San Diego se quema

que alguien olvidó apagar una fogata



casas enteras hechas carbón

gente desalojada

              se quema la primavera de una falda floreada

              la firma de papeles importantes

              los negativos de las fotos de familia   



el cielo está rojo    cae ceniza

yo sé que fuiste tú: piromaníaca en serie



aún puedo oler el humo de mis paredes

todavía la imagen de esta ciudad ardiendo por completo

con el dedo en la lente enfoco lo que tus dedos encienden

aquí el cielo se puso rojo como tus pupilas frente al flash

pero no sonríes



dicen los noticieros que el culpable seguramente huyó a

Tijuana



aquí te espero



llama.

Los noticieros, los video juegos, el tren o el avión, el viaje en carro o en bicicleta para cruzar la frontera sorteando la fila o preparando la entrevista en la estación migratoria comunican experiencias compartidas por el lector contemporáneo, y nos permiten llenar los silencios que administra el poeta.   El mismo efecto tiene el uso de lugares comunes como metáforas, como el fuego y la llama del amor y el humo o las cenizas del desamor.  

La manera como hacemos nuestras las imágenes que nos rodean se reitera en sus poemas.  La abuela de 97 años murió el 11 S: no alcanzó a ver los aviones estrellarse/ sí la cara de sus hijos o el largometraje de su vida/ a la velocidad que cae un cuerpo desde el piso 97…  Al sobrino que murió en la infancia le gustaban los video juegos tanto como al poeta, que juega con los signos al recordarlo: mata por puntos/ brinca montañas/ bombardea ciudades/ come fantasmas. 

Omar Pimienta estudió artes y su visualidad se observa en su mirada de fotógrafo que recorre las calles y en el adulto que vuelve a casa y revisa el álbum de fotografías para revivir el instante con palabras y re-crear con don cinematográfico a don Marcos en los cuidados de diabético y a su abuela Julia caminando apoyada en una silla por la golpiza del abuelo Benito, un énfasis óptico que crece en Escribo desde aquí  (2010) -el tercer libro-, obra ganadora del Premio Emilio Prado en Málaga, en 2009.

Pimienta toca del gris al negro todos los temas de la literatura de frontera: la condición de paso y el desprecio, la prohibición y el ocultamiento, el narco, la prostitución, la violencia, la impunidad, el estancamiento urbano, la migra, pero su mirada nostálgica, sus personajes íntimos y amados, su levedad humorística nos permiten sentir como propio ese mundo residual donde las esperanzas se topan con un muro; esa Tijuana siempre estancada en el tránsito e incontenible en su vitalidad: Esta ciudad tiene su muro/ construido por otros/ para contenerla.

Sí, bajo inspección esta poesía es una épica de la aceptación de los legados familiares y de la fealdad de la ciudad como espacio de pertenencia.  Como en la fila de la “migra” de un poema de su último libro, El álbum de las rejas (Ediciones Liliputenses, 2016), que pase el siguiente sospechoso.

Omar Pimienta. Inspección secundaria. Atrasalante Poesía, Monterrey, 2017.

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