lunes, 1 de octubre de 2018

Formas narrativas del cine y un punch de Paloma Vargas

Cristina M. González




El sábado 29 de septiembre asistí a una de las mesas del Encuentro de Escritores de Nuevo León  2018, organizado por CONARTE.  El tema era Cine y Literatura.  Me enteré un día antes de la mesa “Formas narrativas del cine”, por uno de los participantes, Jaime Mesa, novelista y maestro de cine en Puebla, con quien por algún contacto mutuo estoy relacionada por Facebook.  Hubo cuatro ponentes y, como suele suceder, lo que tenían que decir excedía el límite de una hora. La última en exponer fue la que tuvo que sacrificar más, Paloma Vargas.

Ramón López Castro habló del cine de ciencia ficción, que parte de un extrañamiento hacia lo cognoscible, hacia el mundo a nuestro alrededor.  Para lograr esta experiencia el género debe utilizar las tecnologías más innovadoras.  La mejor ciencia ficción se atreve a hablar de lo más doloroso de la experiencia humana, y las preguntas trascendentales requieren narrativas trascendentales, dijo.   Uno de sus principales ejemplos fue 2001. Odisea del espacio (1968), con su retrospección de tres millones de años y sus largos silencios, y también la innovación en escenografía y los lentes, entre otras; además de la colaboración entre el autor del cuento original y la novela posterior, Arthur Clarke.  Otro ejemplo fue Paprika (2006), basada en la novela homónima de Yasutaka Tsutsui (1993), que lleva hasta el extremo las posibilidades de un narrador omnisciente, múltiples narradores y un narrador no fiable, que pervierte la realidad cognoscible.   Con su anécdota que aborda la intervención de los sueños con fines terapéuticos y el robo y pérdida de control sobre estos, la película demuestra que la narrativa de la vida tiene como última frontera la mente.

Jaime Mesa partió de la idea de que la escritura narrativa, la dramática y el guion tienen las mismas bases narrativas.  Las siete preguntas básicas del ser humano son también las que dan estructura a un guion: ¿Qué?, ¿Por qué?, ¿Para qué?  Los agentes del realismo, como la relación causa-efecto, la resolución del conflicto y la delimitación del espacio, hacen posible que un mundo imaginario sea percibido como real.   La novela realista de Tolstoi y Dostoievski, hasta ejemplos recientes como Updike y Tom Wolfe construyen estos mundos, pero es difícil hoy leer novelas largas, porque el cine observa lo que cuenta, y por tanto el realismo literario ya no se puede construir del mismo modo que el de Tolstoi.  Hoy la literatura se orienta a expresar cómo se siente estar vivo y qué es vivir en el aquí y ahora.  Para Mesa, por tanto, el realismo ha terminado para la literatura, pero aún tiene mucho que explorar en el cine.  Y sí, se me escapó su argumentación al respecto, aunque me quedé con la impresión de que su referencia al realismo como momento de la historia literaria estaba un tanto distorsionada, y a lo que se refería era a la exploración y recreación de la evidencia de lo real, a la mímesis.

Gabriel González Meléndez inició su participación con un largo silencio para afirmar acto seguido: “De esto está hecha la ficción: la construcción de un estado de tensión”.  Un grupo de personas están tratando de resolver un conflicto en torno a un gran evento y una crisis; el momento detonante, los lazos, el apuntalamiento, el clímax y el desenlace en que se comprende todo crean el modelo del guion.  Se centró en la reflexión sobre el guion como un paradigma de la estructura de la vida, que pasa por las mismas etapas y en la que de lo único que no somos conscientes es de los lazos.  Por tanto, su recomendación a los escritores fue “elegir la vida”.  Quedaba en el aire la idea de que es necesario el crecimiento constante y la experiencia vital para crear un guion.

Paloma Vargas habló apresuradamente de un vasto mundo de relaciones entre la literatura fantástica, en particular los cuentos de Amparo Dávila, y el cine de Alejandro Jodorowsky y David Lynch en su obra.  Ella partió del concepto de Tzvetan Todorov de que en la literatura fantástica lo extraño irrumpe en lo cotidiano y se sostiene en una vacilación; cuando la duda se resuelve, no existe más lo fantástico.  Del cine de Jodorowsky señaló aspectos como el absurdo; la violencia y su carácter legendario; la violencia que tiene un fin; el arquetipo y la alegoría; el cuerpo y la escatología, y la búsqueda espiritual dentro de ti.  De Lynch mencionó, además de la violencia, la mítica lucha entre el bien y el mal; el misterio; la disrupción del tiempo y el espacio que, de manera diferente a la literatura fantástica, prolongan la vacilación hacia el desfase y relativismo de los planos de la existencia.   Estos temas y estrategias, en específico el uso de la alegoría de la relación entre Washington y México, están presentes en un video de su autoría: Donkey punch.

El abrupto término de la mesa, con una adecuada síntesis del moderador Genaro Saúl Reyes, dejó a la audiencia con un apetito que no podía resolverse en diálogo.   Los dos días del encuentro,  ocho mesas, debieron dejar muchas direcciones de búsqueda a los participantes y a la audiencia de escritores.  Para mí, que terminé con la vacilación de haber sido llamada por alguna fuerza trascendente a ese disparadero donde cada ponente me hablaba a mí, había una acción inmediata, ir al video de Paloma.

Donkey punch

Me llamó la atención ver anunciada a Paloma Vargas en el diálogo sobre narrativas del cine, porque la he conocido brevemente como conferencista de historia y literatura, con temas relativos a crónicas de la conquista y la expansión colonizadora en la Nueva España.  Pero además de actriz y académica en historia, literatura y medios digitales en las humanidades, es cuentista, poeta y creadora literaria en otros medios, según demuestra en el video Donkey punch (https://vimeo.com/palomavargas -contenido para adultos), de cuatro minutos.   

Basado en un relato breve de ella misma y con dirección de Carlo Cantú se nos presenta un close up a la boca de una mujer que, imitando una clase de lengua extranjera, hace la definición del concepto para convertirlo después en una alegoría.  El resultado es un verdadero puñetazo al espectador.  El mundo de la violencia y lo grotesco de sus modelos cinematográficos se condensa en un encuadre mínimo y un discurso que justo por su literalidad y crudeza adquiere, con solo nombrar, valor poético.  La estrategia de la toma cerrada recuerda algunos documentales de testimonios, y le suma.  No he visto ni leído nada que exprese con mayor eficacia la vejación a que se alude.  La ambivalencia entre la violencia a la mujer y a la política tienen un efecto contundente, quizá prolonga esa vacilación de que hablaba ella en su breve intervención en el Encuentro.














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